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Una hipoteca no es más que un contrato de préstamo, que además de la garantía
personal del prestatario y fiadores, en su caso, tiene una garantía real sobre
una finca (piso, casa, edificio, local, etc.), que ha de figurar inscrito en el
Registro de la Propiedad.
Por tanto, deben existir unas partes contratantes, con facultades suficientes
para formalizar el préstamo y la hipoteca, y una finca inscrita en el Registro
de la Propiedad.
Cada finca tiene un número identificativo dentro del Registro que encabezará
todos los folios en los que se anotan sucesivamente las incidencias registrales
(compra-venta, hipotecas, embargos, anotaciones, etc.).
Los Registros son públicos para quienes tengan interés conocido en averiguar
el estado de los bienes inmuebles o derechos reales inscritos, lo que nos
permite investigar y comprobar, en cualquier momento, la situación registral de
una finca.
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