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El préstamo hipotecario es un préstamo
a largo plazo que se destina, en la mayoría de los casos para financiar
inmovilizado o bienes inmuebles.
Además, dada su garantía, a la Entidad
Financiera le permite también refinanciar operaciones que pueden plantear
problemas de cobro y que están soportadas con garantía personal, a través de
préstamos con garantía hipotecaria, por lo que también es usual plantearlos
como re financiación de deudas.
El Préstamo Hipotecario es el producto
más importante de las operaciones de activo ya que presenta una serie de
ventajas para las Entidades Financieras, entre las que destacamos:
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Excelente garantía (garantía real),
que minora el riesgo.
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Muy buena calidad, con un grado de
morosidad muy bajo.
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Fidelización del cliente
(reciprocidad y venta cruzada).
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Menor consumo de recursos propios
que el resto de productos de activo.
Si hemos enumerado las ventajas, es
necesario conocer también los inconvenientes que presentan para estas
entidades:
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Menor liquidez y poca rotación, dado
que se trata de una inversión a muy largo plazo.
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Mayor riesgo de interés, si se
contratan a tipo fijo dado que el vencimiento es a muy largo plazo.
Es evidente que se trata de un producto
muy atractivo para las Entidades Financieras, que históricamente venía
siendo casi exclusivo de las Cajas de Ahorros y que en los últimos 20 años
los Bancos han sido también muy activos.
En los años 80s pero sobre todo en los
90s, la banca ha desencadenado una política muy agresiva para captar este
mercado de préstamos hipotecarios, hasta entonces patrimonio de las Cajas.
La "guerra de las hipotecas" iniciada
en el año 92 y 93, y una nueva legislación sobre el mercado hipotecario (Ley
2/94, Sobre subrogaciones y modificaciones de P.H., la Orden del 5/5/94
sobre Transparencia de condiciones financieras de P.H. y la del 30/11/94
sobre normas de valoración de los inmuebles) han venido a revolucionar este
mercado, que hasta la fecha tenía un carácter sumamente estático.
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